Los mareados

Publicado: 6 marzo, 2012 en General

Hace bastante tiempo que las principales voces de la oposición que se levantan en nuestro país son las de algunos periodistas e intelectuales, que de a poco parecen ir ocupando el rol que durante años perteneció a viejos políticos, hoy indigentes de votos e ideas.
Por más que hago el esfuerzo, difícil se hace comparar este momento que atravesamos con algún otro. Sobre todo porque resulta prácticamente inédito, para estos tiempos que corren, que la voz contraria a los intereses oficiales llegue principalmente desde aquéllos ámbitos, que son bien distintos a los que supimos conseguir a lo largo de las últimas décadas.
Hoy casi todo lo que se discute en materia política parece darse exclusivamente dentro del marco mediático. Mientras algunos sostienen que después de muchos años en el país se vuelve a hablar de política, lo que uno observa, en realidad, es que esa “discusión” de la que hablan carece de las leyes más elementales de la comunicación. Porque no existe ida y vuelta.
De esta manera, vemos a las corporaciones periodísticas contestando, como soldados detrás de las trincheras, todo lo que el gobierno central –y su aparato propagandístico- tira desde las barricadas. Y para unos, todo lo que hagan los otros va a estar mal. Incluso hasta que el Glaciar Perito Moreno rompa durante la madrugada de un domingo. Esto, a esta altura, resulta increíble que ocurra.
Haciendo un poco de “sintonía fina”, podríamos decir que es al Gobierno Nacional al que más le conviene este juego mediático instalado. Es el papel que mejor conoce, a tal punto que, increíblemente, va logrando que unos cuantos ases del periodismo queden como “derrapados” ante las posturas que deciden adoptar por el solo hecho de recusar todo lo que desde el otro lado se plantea.
Uno de los más notables ejemplos últimamente ha sido el que se conoció con la carta donde tanto Jorge Lanata como Beatriz Sarlo –entre otros escritores, periodistas e intelectuales- salieron a apoyar la idea de autodeterminación de los kelpers, a quienes, si fueran políticos o gobierno, evidentemente les estarían solucionando -de buenos amigos que resultaron- años de conflicto y sangre derramada.
Entonces, uno, que a esta altura de la vida busca voces capaces y sensatas con radares de precisión, va desilusionándose indefectiblemente, y termina pensando –irrisoriamente- que realmente este gobierno parece un grupo de verdaderos magníficos al que todavía nadie puede mojarle la oreja y que, encima, a través de su aparato propagandístico, te lo recuerda repasando, una y otra vez, archivos periodísticos donde las contradicciones asesinan a quemarropa a quien ose decir algo distinto.
En mí caso -debe ser porque soy nacido en esta ciudad que ha resultado “cuna presidencial”- tengo la plena seguridad que no es este el camino que vaya a conducir a algo positivo para la oposición, porque –humildemente lo digo- me parece que esta es la “opo” con la que el gobierno parece haber soñado y la que, si no comienza a actuar inteligentemente o no despierta de su letargo, en vez de jugar por la promoción, dentro de tres años estará peleando el descenso directo.
Así y todo, posteriormente a la de Malvinas, Jorge Lanata publicó otra interesante carta dirigida al vicepresidente en la que hace una serie de consideraciones relevantes, pero que, a raíz de lo que genera metiéndose en tanto y en nada a la vez, termina quedando en un segundo plano. Y sin el “punch” que debería tener porque en realidad se expone mucho, tanto, que parece el político que nadie le pide que sea. Y lo digo al margen de lo pueda llegar a ocurrir con el caso en sí mismo.
Creo que en esta contienda de “magníficos” contra “mareados” lo mejor que puede hacer uno es seguir escuchando todas las campanas. Y analizar con sentido crítico los poderes e intereses en juego, porque es en ese terreno en el que podremos comprender algo más de esta realidad que nos atraviesa y circunda, y a partir de la cual más de uno llega a sentir odio y fastidio, que encima nunca serán buenos consejeros.
Pero más allá de la ironía, debo aclararlo, realmente no creo ni que unos sean tan magníficos ni que los otros estén tan mareados. Porque tanto poder, y todo junto, en definitiva puede marear hasta el mejor de los exponentes de este circo romano.

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