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La ciudad donde vivo

Publicado: 7 febrero, 2012 en Textos Varios

Hace algunos días, un amigo me preguntaba qué cosas (lugares, costumbres, etc.) amaba yo de la ciudad. El planteo venía por el lado de las consultas que suelo hacer para el suplemento Habladurías, donde converso con personas del ambiente social, cultural, periodístico o académico de la provincia.
Y bueno, pese a que a veces uno reflexiona sobre ese tema, quedé pensando un rato hasta soltar un par de ideas pero que, en realidad, no pude hilvanar con claridad. El tema concluyó ahí, aunque me quedé con la espina clavada a tal punto que sentí la necesidad de responderle escribiendo algunas cosas. (más…)

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Dedos

Publicado: 1 junio, 2011 en Textos Varios

Lo miran, se siente observado. Alguien piensa que es parte de un problema importante. No es cierto; pero sus lectores esperan que lo desmienta de una buena vez.
Confundido, siente que sólo quedan dos opciones. Deberá escribir, no sabe bien sobre qué, pero tendrá que hacerlo de manera urgente. O callar.
Le saca punta a un lápiz. Se corta un dedo. Y la sangre corre por la hoja de la siguiente manera:
En el primer renglón comienza hablando sobre el accidente vivido.
Entrando al cuarto inicia el relato de su nota.
En el sexto muere desangrado el dedo.
Quedan cuatro. Decide continuar manteniendo la cordura.
Mientras explica la pérdida de su dedo más preciado, lo invaden la angustia y la fatalidad. Y se le paraliza otro dedo más.
A pesar de todo, resuelve no detenerse.
En el siguiente renglón no sabe cómo decir que perdió dos dedos, e intuye que sus lectores no creerán lo que apenas está tratando de narrar.
Terminando la primera parte de la nota presiente que perderá otro dedo. Y efectivamente lo pierde.
Con los últimos probará alcanzar el epílogo. Jamás podrá hacerlo: sólo quedará tiempo para despedirse de los sobrevivientes.
No sin lamentar profundamente lo que le acababa de ocurrir, solicita la pronta internación de sus manos de común acuerdo con la empresa editorial. Las autoridades prometen conseguirle dos manos nuevas, que piensen diferente.
Y además, comprarle una computadora.
Al cierre de esta edición, viejos lectores y compañeros de trabajo velaban los dedos fallecidos.